Por Rachel Kennerly, responsable sénior de la campaña internacional sobre captura de carbono del Center for International Environmental Law (CIEL)
En la cumbre climática de la ONU de 2025 en Brasil (COP30), se generó una gran expectación en torno a la captura y almacenamiento de carbono y a las técnicas de geoingeniería que implican la eliminación de carbono, tecnologías que, en realidad, retrasan la acción climática efectiva.
Se registró un récord de 531 cabilderos de la industria de captura y almacenamiento de carbono en la COP30, que abarcan desde gigantes petroleros como Exxon y Shell hasta grupos comerciales del sector. Si estos grupos de presión se hubieran considerado una delegación nacional, habrían sido la segunda más grande de la cumbre.
Por primera vez, la industria de la geoingeniería logró presencia en la “zona azul” oficial de la ONU con un pabellón de eliminación de dióxido de carbono valorado en 500.000 dólares estadounidenses. Este hecho evidencia un esfuerzo importante por presentar estas peligrosas distracciones como soluciones climáticas.
El creciente número de grupos de presión a favor de la captura y el almacenamiento de carbono y el considerable gasto en marketing de la industria de la eliminación de dióxido de carbono en la COP demuestran los importantes recursos que la industria de los combustibles fósiles y los defensores de la captura de carbono están invirtiendo para promover estos enfoques en la escena internacional.
La oleada de presión política y de marketing se basa en la afirmación engañosa de que el carbón, el petróleo y el gas pueden hacerse “limpios” mediante la captura de carbono y que las emisiones ya liberadas pueden eliminarse más adelante. Tales argumentos distraen a los gobiernos y a las industrias de la urgente necesidad de eliminar gradualmente los combustibles fósiles y de transformar sectores intensivos en carbono como el cemento, los plásticos y los productos químicos.
Aunque las tecnologías de captura y almacenamiento de carbono y de eliminación de dióxido de carbono se promocionan a menudo como soluciones climáticas, los estudios y la práctica demuestran que no logran reducir significativamente las emisiones. Además, enfrentan retos económicos y técnicos fundamentales y son peligrosas no solo para el clima, sino también para las personas y los ecosistemas.
La captura y almacenamiento de carbono promete recoger el dióxido de carbono y enterrarlo bajo tierra o reutilizarlo en procesos industriales (lo que se conoce como captura, utilización y almacenamiento de carbono, o CCUS). Sin embargo, en realidad perpetúa la dependencia de los combustibles fósiles y podría prolongar su uso y su producción durante décadas.
La tecnología de captura de carbono no cumple con lo prometido. Según el Instituto de Economía Energética y Análisis Financiero, la Agencia Internacional de la Energía ha reducido a la mitad sus previsiones de captura y almacenamiento de carbono en relación con el uso de combustibles fósiles en solo dos años, debido a que la tecnología no es competitiva desde el punto de vista financiero. Asimismo, en diciembre de 2025, la empresa Drax, propietaria de la mayor central eléctrica de biomasa de Gran Bretaña, redujo a la mitad su unidad de captura y almacenamiento de carbono, retirándose drásticamente de los planes de captura de carbono tanto en el Reino Unido como en los Estados Unidos. Drax había afirmado anteriormente que la bioenergía con captura y almacenamiento de carbono era la tecnología de eliminación de dióxido de carbono “más escalable y asequible”. En 2024, la empresa energética Equinor admitió haber exagerado las tasas de captura de carbono en su proyecto Sleipner; sus propios datos muestran que capturó aproximadamente la mitad de la cantidad de carbono anunciada. Este patrón es común en todo el sector: la mayoría de los proyectos están muy por debajo de las tasas de captura publicitadas del 90 al 95%.
Incluso si la captura y el almacenamiento de carbono funcionaran según lo prometido, seguirían aumentando las emisiones, ya que su uso se justifica por el uso continuo de combustibles fósiles. La empresa Shell comercializa abiertamente esta tecnología para mejorar la recuperación de petróleo y, en la actualidad, más del 70% del carbono capturado se utiliza para extraer petróleo adicional. En el Reino Unido, se está utilizando para justificar nuevas centrales eléctricas de gas, a pesar de que alrededor del 90% de los proyectos de energía basada en la captura y almacenamiento de carbono previstos nunca se construyen y aproximadamente el 88% de dichos proyectos fracasan. Confiar en la captura y el almacenamiento de carbono para limpiar las nuevas infraestructuras de combustibles fósiles es, en última instancia, una quimera.
La eliminación tecnológica de dióxido de carbono (en inglés, engineered CDR) es un tipo de geoingeniería altamente especulativa y extremadamente arriesgada. Además, tendrían que aplicarse a gran escala para tener un impacto significativo en el clima. Estos enfoques incluyen tecnologías como la captura directa de aire, el hundimiento de biomasa, la meteorización mejorada, el biocarbón y la mejora de la alcalinidad oceánica. Todas ellas pueden resultar prohibitivamente caras y consumir mucha energía, además de ser especulativas desde el punto de vista tecnológico. También conllevan riesgos significativos para el uso de la tierra, el suministro de agua, la biodiversidad, los derechos humanos y los derechos de los pueblos indígenas.
Debido a estos riesgos, las tecnologías de eliminación de dióxido de carbono están sujetas a marcos de gobernanza restrictivos, incluida una moratoria en virtud del Convenio de las Naciones Unidas sobre la Diversidad Biológica, lo cual los promotores suelen ignorar o minimizar. El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) advierte que la dependencia de la futura eliminación de dióxido de carbono podría retrasar las reducciones de emisiones que se necesitan con urgencia. Las vías basadas en este enfoque son, en general, “vías de sobrepasamiento” (en inglés, overshoot pathways) que, según el IPCC, tendrán repercusiones irreversibles. No obstante, los defensores de estas tecnologías gastaron 500 000 dólares estadounidenses en un pabellón en la COP30 con el objetivo de “centrar la eliminación de carbono en la política climática” y abogar por una mayor inversión en este tipo de proyectos en todo el mundo.
La creciente atención prestada a soluciones falsas, como la captura y el almacenamiento de carbono y la eliminación de dióxido de carbono, distrae a los responsables políticos de la urgente necesidad de eliminar gradualmente los combustibles fósiles, que es la única forma científicamente creíble de mantener el calentamiento global por debajo de 1,5 °C. Algunos países están incorporando ahora estas tecnologías no probadas en sus planes climáticos bajo el Acuerdo de París (contribuciones determinadas a nivel nacional o CDN), creando la ilusión de progreso. La captura directa de aire se menciona en el 9% de todas las CDN, a pesar de que esta tecnología aún no ha logrado reducir significativamente las emisiones. Países como el Reino Unido y Brasil apuestan por la captura y el almacenamiento de carbono en sus CDN. Solo el Reino Unido está invirtiendo 22 000 millones de libras esterlinas en ello, a pesar de su largo historial de fracasos. Cada dólar que se gasta en la captura y el almacenamiento de carbono es un dólar que se desvía de las soluciones climáticas reales.Al difuminar la línea entre la reducción real de emisiones y la especulativa “gestión del carbono”, la captura y el almacenamiento de carbono y la eliminación de dióxido de carbono facilitan el retraso de la urgente tarea de eliminar los combustibles fósiles. La ciencia es clara: nada puede sustituir al rápido abandono de los combustibles fósiles. Es hora de que los gobiernos renuncien a la captura y almacenamiento de carbono y a la eliminación tecnológica de dióxido de carbono, excluyan a los grupos de presión de los combustibles fósiles y las soluciones falsas de los procesos de toma de decisiones sobre el clima, y eliminen rápidamente los combustibles fósiles.